lunes, 5 de abril de 2010

¿Por qué nos cuesta tanto hablar en público?

Seguramente conoces a varias personas que tienen pánico a hablar en público, gente que evita a toda costa situaciones en las que debe afrontar una audiencia y que cuando tiene que hacerlo lo pasa realmente mal. Quizá seas una de esas personas.

Podría darse el caso que controles tus nervios cuando hablas en público pero que lo hagas sin entusiasmo y con resignación cada vez que te toque hacerlo.

O tal vez te encanta tener a una audiencia pendiente de ti y aprovechas la mínima excusa para hacer una presentación. Sin embargo, diría que este es el caso más improbable de los que he planteado.

Lo más habitual es que hablar en público sea algo a evitar por la mayoría de las personas. Pero... ¿por qué? En este artículo apunto tres posibles causas: una carencia importante de formación que enseñe a hablar en público; el excesivo protagonismo que damos al análisis, a la lógica y a los datos secuenciales; y la falta de práctica continuada para intentar mejorar las presentaciones.

Falta de formación


Muchas personas lo pasan mal al hablar en público porque no saben cómo hacerlo, porque nadie les ha enseñado ni han practicado lo suficiente para que esas personas se sientan seguras delante de una audiencia.

La paradoja está en que se nos exige que hablemos en público en varias ocasiones (educación, empresa, eventos sociales...) pero no se nos enseña cómo hacerlo correctamente.

Es como si sólo nos enseñaran cómo hacer sonar cada nota de un instrumento musical y cada cierto tiempo nos mandaran tocar una canción. Evidentemente, el resultado final dejaría mucho que desear. Interpretar un tema no consiste sólo en tocar las notas que lo componen, también hay que saber frasear la melodía, articular bien, crear dinámicas, dominar el ritmo, etc.

Seguramente nos pondríamos bastante nerviosos cada vez que tuviéramos que tocar delante de otros ya que estaríamos muy limitados y seríamos plenamente conscientes de ello. Probablemente las personas con cierto talento musical y las que practicasen con frecuencia lo hicieran mejor y se sintieran más a gusto.

Está claro que si no se practica algo, difícilmente saldrá bien. En nuestro sistema educativo raramente se potencia la habilidad de hablar en público. Cierto es que, de vez en cuando, hacemos que cada alumno presente un trabajo oralmente delante de sus compañeros. Sin embargo, no se le dan los recursos ni se le guía como es debido. Acostumbra a ser un trámite más para aprobar una asignatura y, por mal que lo hagan, aparte de algunos comentarios estériles, no se les brinda una nueva oportunidad para mejorar en sus puntos flojos. En general se valora muchísimo más el contenido que la forma.

Los contenidos son importantes, sí. Pero la forma en que los mostramos es la que nos diferencia del resto, para bien o para mal. No se trata de lo que haces sino de cómo se hace. Lógicamente, esta máxima es aplicable a cualquier actividad humana.


La tiranía del cerebro izquierdo


Nuestro cerebro se divide en dos hemisferios: el izquierdo y el derecho. El lado izquierdo es secuencial, lógico y analítico mientras que el lado derecho es simultáneo, intuitivo y sintético. Al hemisferio izquierdo lo relacionaron con el análisis lógico-deductivo de la Ilustración y con el método científico. Al hemisferio derecho lo relacionaron con los impulsos de belleza, intuición y espiritualidad del Romanticismo.

Históricamente se le ha atribuido mucha más importancia y protagonismo al hemisferio izquierdo del cerebro así como a las funciones que éste controla. En las últimas décadas se ha visto que el hemisferio derecho no es peor que el izquierdo, simplemente es distinto y se encarga de otras funciones también indispensables.

Hemisferio izquierdoHemisferio derecho
  • Secuencial
  • Especializado en texto
  • Analiza los detalles
  • Simultáneo
  • Especializado en contexto
  • Sintetiza el conjunto
  • Interpreta emociones

¿Y qué tiene que ver esto con el hecho de hablar en público?

En nuestro sistema educativo y en las empresas se tiende a sobrevalorar las funciones del cerebro izquierdo y a dejar de lado las del lado derecho. Esto implica que se potencia el análisis, la lógica, la sucesión secuencial de hechos y datos... ¿Os suena todo esto? ¿Cuántas presentaciones presentaban estos elementos pero eran pesadas, aburridas y cayeron en el olvido? El predominio de estos elementos hace que los utilicemos casi sin plantearnos otras alternativas, o al menos, otras formas de complementarlos. Creemos que son necesarios y suficientes aunque algunos intuyan que el resultado no será muy apasionante para la audiencia.

La cuestión es que para hacer buenas presentaciones, y muchas otras actividades, debemos utilizar ambos hemisferios del cerebro y, tal como están las cosas, ello significa potenciar las funciones del hemisferio derecho.

- No nos limitemos a enumerar y secuenciar hechos y datos que hemos analizado. Pongamos estos datos y hechos en un contexto: poniendo ejemplos adecuados, usando objetos cotidianos o contando historias relacionadas.

- Sinteticemos lo más importante, por ejemplo usando citas y proverbios.

- Potenciemos la empatía para interpretar las emociones del público correctamente.

- Relacionemos las ideas y conceptos a mostrar en un conjunto global que tenga sentido.

Según Daniel H. Pink explica en el libro A Whole New Mind (en español: Una nueva mente), hemos dejado la Era de la Información para adentrarnos en la Era Conceptual. En esta última, los individuos que potencien las funciones del hemisferio derecho del cerebro (manteniendo las del izquierdo) son los que tendrán más oportunidades profesionales y serán más valorados. El autor muestra seis aptitudes del lado derecho del cerebro que exigirá la Era Conceptual:

  1. No sólo función sino también DISEÑO.
  2. No sólo argumentos sino también HISTORIAS.
  3. No sólo enfoque sino también SINFONÍA.
  4. No sólo lógica sino también EMPATÍA.
  5. No sólo seriedad sino también JUEGO.
  6. No sólo acumulación sino también SIGNIFICADO.


Práctica contra Experiencia


El hecho de hacer una cosa muchas veces no implica necesariamente que se acabe dominando con maestría. En el caso de las presentaciones, hay personas que hablan en público muy de vez en cuando y por tanto, no acumulan mucha experiencia al respecto. Por otro lado, hay personas que hablan en público con cierta frecuencia y ello les puede hacer ganar experiencia y mejorar hasta cierto punto o umbral a partir del cual, por muchas más charlas que den, no está garantizada su mejoría.

Daniel T. Willingham explica la diferencia entre experiencia y práctica en su libro Why don't students like school?

La experiencia implica simplemente que estás involucrado en una actividad. La práctica implica que estás intentando mejorar tu rendimiento.

Y nos pone el ejemplo de una persona que tiene permiso de conducir y mejora su conducción los primeros años pero llega un punto en que, por muchos más años que lleve un vehículo, no va a hacerlo mejor. Simplemente se queda en el nivel de conducción que le resulta adecuado para sus objetivos.

Por tanto, para hablar mejor en público no es suficiente con hacer presentaciones cada cierto tiempo, también hay que practicar, cosa que implica:

  1. Intentar mejorar de forma consciente. El análisis y la reflexión de lo que hacemos deben estar siempre presentes para perfeccionar la próxima presentación.
  2. Tomar nota de opiniones de terceros sobre las presentaciones que hacemos (feedback)
  3. Invertir tiempo en actividades distintas al objetivo principal (hablar en público) pero que se hacen con el propósito de mejorar ese objetivo.

El punto número 2 es de vital importancia. Si queremos mejorar, es indispensable saber qué opinan las personas que han asistido a nuestra presentación. Podemos pasar una encuesta breve a los asistentes una vez hayamos terminado y analizar las respuestas.

Sin embargo, es necesario también recibir una opinión extensa y fundamentada de alguien conocido que también estuviera en la charla. Si esa persona tiene conocimientos de cómo hablar en público, todavía mejor. Podemos grabarnos en vídeo y mostrar la grabación a las personas que no pudieron asistir a la presentación.

Este proceso de obtener opiniones de otras personas puede hacerse también durante los ensayos de las presentaciones. Ya sea ensayando delante de éstas o grabándose en vídeo para que lo analicen posteriormente.

En cuanto al punto número 3 podemos hacer muchas actividades relacionadas de forma indirecta con el hecho de hacer una presentación:

  1. Leer libros y blogs sobre presentaciones así como libros de otras temáticas que puedan contribuir al perfeccionamiento de nuestra capacidad de hablar en público.
  2. Ver y analizar presentaciones de otras personas, ya sea en vivo, o mediante vídeos. Un buen sitio para empezar son las charlas de TED (muchas de ellas subtituladas al español).
  3. Apuntarse a cursos de interpretación y teatro, lecturas dramatizadas o mimo. Aunque parezca que no hay ninguna relación, este tipo de formación ayuda a mejorar el control de la voz, la presencia en el escenario, los movimientos y gestos, etc.

Y tú, ¿cuáles crees que son los motivos por los que nos cuesta tanto hablar en público?

Referencias:

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Créditos
:
  • Fotografía de mujer hablando en público de Frank Wales (Creative Commons - Atribución).

1 comentario:

Moa dijo...

Muchas veces por el miedo al ridículo, ya que nuestro ego se vería dañado....
Otras veces, por el poco conocimiento de lo que se va a exponer, con lo cual se queda con la sensación de no haber cubierto las expectativas o el amplio conocimiento técnico, demasiado elevado para el público asistente habiendo sobrepasado dichas expectativas...
También influye la poca importancia que se le da a la presencia física y al lenguaje no verbal...
Muy buen post.
Saludos,
Moa